jueves, 23 de mayo de 2013

La sierra de la Culebra: Tierra de lobos

La sierra de la Culebra es una alineación montañosa de poca entidad que se encuentra en el noroeste de Zamora y cuyas modestas elevaciones serpentean sobre el llano zamorano con la suavidad y el sigilo de un ofidio. La Culebra ha adquirido una merecida fama entre los destinos ecoturísticos por ser un enclave privilegiado para ver lobos en su medio natural. Eso sí, sólo para quien esté dispuesto a soportar dolorosos madrugones y el espantoso frío del monte zamorano previo al amanecer.   


Un lobo (Canis lupus), que se ve muy pequeñito en el centro de la imagen, emerge entre el maquis de brezos y escobas y se expone en el prado justo antes de perderse en el oscuro pinar de repoblación. Se trata de un macho de pelaje inusitadamente claro que lidera una manada de ocho ejemplares en el paraje conocido como Guardalabá, junto al pequeño pueblo de Villanueva de Valrojo. La foto es mala, seguramente la peor que he publicado en este caótico y desatendido blog, pero representa uno de los momentos más emocionantes de mi vida y es un buen exponente del hábitat en el que se mueven estos animales: un complejo mosaico de matorrales de variable altura, zonas abiertas y bosques, a la postre el hábitat esencial para el cánido, pues es el que le ofrece un refugio más seguro frente a su principal enemigo, el ser humano. En este sentido, las extendidas y muy densas repoblaciones de la sierra de la Culebra juegan actualmente un papel esencial en el ciclo vital del lobo. Viendo los sitios donde campea este carnívoro -bosques, repoblaciones, cultivos, matorrales, roquedos, entornos humanizados, zonas con abundantes infraestructuras viarias, que a menudo utiliza en su propio beneficio, no cabe duda de que estamos ante un auténtico superviviente. A pesar de que hemos intentado acabar con él durante siglos con todas nuestras fuerzas. Y lo seguimos intentando. Afortunadamente, todavía se escuchan los místicos aullidos de nuestro hermano, el lobo, en la espesura de los montes ibéricos.    


Huellas de lobo en la cola del embalse de Valparaiso que forma el río Valdalla, en un camino que utilizan frecuentemente los cánidos para moverse entre dicha cola del embalse y el arroyo de los Pontonicos que terminan sorteando por un paso inferior sobre la carretera de Boya a Villardeciervos. Se estima que en la sierra de la Culebra se encuentra la población de lobos con mayor densidad de la Unión Europea, hasta 7 por cada 100 kilómetros cuadrados en el caso de los cálculos más optimistas. Este hecho ha propiciado que el lobo se explote como recurso turístico de primer orden, dejando en estas eurodeprimidas tierras zamoranas cuantiosos ingresos directos e indirectos. Pero también, ha dado pie al gobierno autonómico a autorizar batidas de caza legales amparándose en la buena salud de la población lobera de la Culebra. 

Bisbita campestre (Anthus campestris) posada sobre una mata de carquesa (Pterospartum tridentatum) en las laderas del piedemonte de la sierra de la Culebra cerca de Villanueva de Valrojo. Este paseriforme vive en un tipo de hábitat muy determinado, formado por matorrales de muy pequeño porte como brecinas, tomillos o aulagas con estrictos rangos de densidad que permitan la aparición de abundantes parches de pastizal. Por lo tanto, las parameras , matorrales subalpinos y determinados cultivos como los viñedos son buenos hábitats para observar a esta especie.  


La bisbita campestre es una especie que se encuentra en seria regresión debido a su vinculación a zonas agrícolas, muy afectadas por el uso de plaguicidas y por el cambio de uso de cultivos de secano a regadíos y a que muchos páramos o matorrales subalpinos están siendo recolonizados por los bosques debido al abandono de la ganadería extensiva.
Un macho de pardillo común (Carduelis cannabina) exhibe su plumaje nupcial en una alambrada del entorno del arroyo de Guardalabá. Los pardillos comunes son aves muy gregarias en invierno cuando los individuos adquieren plumajes poco llamativos que equiparan el atuendo de machos y hembras. Sin embargo, el desgaste del plumaje en primavera sacará a la luz en los machos vivas manchas de color carmín en la frente y el pecho y es entonces cuando los iniciarán la batalla por las hembras con su colorido y su canto como arma.
Dos abejarucos (Merops apiaster) otean el paisaje cerca de Villanueva de Valrojo. El colorido de estas aves junto al de la abubilla, la carraca y el martín pescador, los representantes ibéricos del Orden Coraciiformes, nos trae reminiscencias de la fauna tropical, de hecho, se piensa que estas aves son verdaderos relictos del terciario, cuando existía en la Península un clima paleotropical. Al parecer los paseriformes (las aves canoras) le han ganado claramente la partida de la adaptación evolutiva al resto de grupos de avifauna y ahora son claros dominadores en número de especies en el paleártico. 
La cejialba (Callophrys rubi) es una hermosa mariposa típica del brezal-tojal, pues sus larvas se alimentan de
las hojas de estos arbustos entre otros. Este ejemplar posado en una estepa negra (Cistus salviifolius) fue fotografiado en el entorno del río Valdalla. Los vivos colores verdes de la parte exterior de sus alas ideales para confundirse con una hoja, contrastan con los tonos pardos de su interior que exhibe cuando abre las alas y que hacen que el lepidóptero se confunda posada en un tronco, en el suelo o en una roca colonizada por los líquenes.

Las modestas cumbres de Peña Mira apenas alcanzan 1.242 metros de altitud sobre el nivel del mar pero conforman un paisaje agreste de incomparable belleza. El mullido prado y las nubes aborregadas conforman una imagen bucólica de una tierra que durante el invierno presenta una imagen muy distinta, pues el frío, la nieve y el intrincado laberinto de montes y riscos hacen de estos parajes un terreno inhóspito para el hombre. Salvo para aquellos que viven del campo y para el campo. O de aquellos que vienen tras los clandestinos pasos del lobo.   

lunes, 29 de abril de 2013

Paisajes olvidados en Madrid

Resulta llamativo que en una comunidad autónoma con más de 6 millones de habitantes y una densa red de localidades e infraestructuras que conforman un paisaje intensamente fragmentado, todavía queden rincones perdidos, parajes desconocidos, sin nombre ni apellido, alejados de nuestras manos inclementes, naturaleza viva e ingobernable reivindicando su sitio, paisajes olvidados por el paso del tiempo. Estos oasis de biodiversidad suelen coincidir con las zonas de montaña más recónditas de Guadarrama, pero también tenemos buenos ejemplos en zonas de altitud medio, donde hay interminables extensiones de dehesa de encina (Quercus ilex ssp. ballota) que presentan un magnífico estado de conservación y de vital importancia para los hábitats y las especies madrileñas.

Estas dehesas suelen ocupar el suroeste madrileño siendo el ejemplo más conocido las que ocupan los valles de los ríos Alberche y Cofio. No obstante, entre el río Perales y el Guadarrama, hay magníficos encinares adehesados, fuera de toda figura de protección y en general muy desconocidos por la población. Es aquí donde sobreviven las últimas carracas (Coracias garrulus) de la Comunidad de Madrid además de ser montes de gran importancia para la conservación del águila imperial ibérica (Aquila adalberti), de la cigúeña negra (Ciconia nigra) y del elanio azul (Elanus caeruleus).  















Cantuesar en el entorno del arroyo de las Castañuelas en el término municipal de Sevilla la Nueva. El cantueso (Lavandula stoechas ssp. pedunculata) y distintas especies de tomillo (Thymus sp.) constituyen la última etapa de degradación de los encinares guadarrámicos por lo que tienen una gran importancia en Madrid, donde la mayor parte de los encinares se encuentran muy roturados en favor de los agrosistemas.


Mata de cantueso en Sevilla la Nueva. El cantueso es una planta aromática de la familia de las labiadas que presenta unas inflorescencias muy compactas plagadas de pequeñas flores muy poco conspicuas. En realidad, las labores de atracción de los insectos que polinizan a esta planta las realizan las dos llamativas brácteas color lila que coronan la inflorescencia. 


Encinas y cultivos de cereal en Sevilla la Nueva. La dehesa es un sistema seminatural ancestral de origen antrópico -aunque quizás promovido o favorecido por la presencia del fuego como elemento intrínseco al monte mediterráneo- que a menudo se presenta como ejemplo paradigmático de sostenibilidad. Aunque esta idea es tan discutible como el propio sentido de la palabra sostenibilidad, lo cierto es que una dehesa puede ser explotable a muchos niveles (leña, caza, explotaciones ganaderas, trashumancia, bellota, corcho en el caso de las dehesas de alcornoque etc.). Además, muchas dehesas son cultivadas con cereales aprovechando el espacio entre pies de encina lo que genera agroecosistemas muy importantes para muchas aves rapaces, una de las más fieles a este formato de dehesa, es el elanio azul, que es menos frecuente en encinares con mayores densidades arbóreas.

Jara pringosa en un encinar ubicado entre las localidades de Sevilla la Nueva y Brunete. La jara pringosa (Cistus ladanifer) es uno de los componentes fundamentales de los encinares guadarrámicos. Florece entre marzo y mayo y presenta una variedad muy reconocible con una mancha púrpura en la base de cada pétalo (var. maculatus) -y que vale a la planta el nombre popular de jara de las cinco llagas- frente a la que aparece en la fotografía, que es completamente blanca (var. albiflorus). 


Dehesa de encinas y cultivos de cereal en Sevilla la Nueva. Los encinares adehesados con amplios espacios abiertos entre los pies de encina son muy importantes para multitud de rapaces ibéricas que utilizan las encinas más viejas como soporte para construir sus pesados nidos y cazan conejos, perdices, roedores y otros vertebrados en los pastizales o cultivos intercalados entre los árboles. Algunas especies como el águila imperial ibérica son muy dependientes de este hábitat pues suele acoger favorablemente a la principal presa de esta rapaz: el conejo (Oryctolagus cuniculus).

Pastizal terofítico ubicado cerca de la localidad de Villanueva de Perales. En las dehesas en las que no se cultivan cereales crecen en primavera de forma natural exuberantes pastizales de herbáceas que tienen una gran importancia para la conservación de la biodiversidad por la diversidad florística y faunística que albergan. El término terofítico alude al carácter anual de las plantas que conforman estos pastizales en los que, por supuesto, las gramíneas juegan un papel muy importante. Estos hábitats son tan escasos en Europa que la Comisión Europea los considera hábitat de conservación prioritaria aunque en España sean relativamente comunes.  


Un jilguero adulto (Carduelis carduelis) se posa en la encina que esconde en el interior de su follaje el nido al que acaba de acarrear materiales blandos como plumas y hierbas haciéndolo lo más acogedor posible para su futura prole. Durante un buen rato estuve observando a la pareja de esforzados padres acomodar su nido en el entorno de la Cañada Real Segoviana entre Villanueva de Perales y Villamanta. Entre viaje y viaje, las coloridas aves reponían fuerzas en unos cardos situados a pocos metros de la encina. El puntiagudo pico de los jilgueros funciona de forma muy eficaz como una pinza de gran precisión para la extracción de las semillas de los cardos de las que se alimentan. 


Una encina repleta de amentos masculinos se alza bajo el cielo completamente cubierto en Villanueva de Perales. Los amentos se definen como una clase de inflorescencia en la que las flores se disponen de forma alterna sobre un eje colgante. En las encinas, las flores masculinas y femeninas se disponen en ejes distintos y además la floración no suele coincidir en el tiempo para evitar la autopolinización. Primero florecen los amentos masculinos que por su aspecto colgante y amarillento se conocen popularmente en amplias zonas de Castilla como "moco de encina" y en segundo lugar aparecen las flores femeninas, muy distintas a las masculinas, pequeñas, discretas, solitarias o agrupadas  en pequeños grupos en las ramas nuevas del año. Dice el refrán que si la encina tiene mucho moco en la montanera da poco. Este dicho popular alude a que en general, si la encina invierte mucha energía en la fabricación de amentos masculinos o moco de encina, guardará pocas fuerzas para la posterior floración femenina, que a la larga va a ser la que va a dar lugar a la generación de bellotas. Parece ser que las lluvias intensas en invierno y principio de primavera favorecen el moco de encina pero no la bellota que, sin embargo se vería favorecida por las lluvias primaverales tardías.

domingo, 21 de abril de 2013

En el pico Nevero, en el entorno glaciar más espectacular de los Montes Carpetanos


Imponente vista del Nevero cubierto por una ingente cantidad de nieve, inusual para el mes de abril, al menos para el despreciable registro histórico que se corresponde con mi edad. La foto está tomada en el borde de la pequeña hoya glaciar que se encuentra en la cara sur de este pico, en el tramo de la cordillera Carpetana con una mayor presencia de elementos geomorfológicos procedentes de las glaciaciones del Cuaternario.   



La intensidad de las nevadas de este invierno han generado unas cornisas de nieve de magnitudes colosales que, ahora que el Sol primaveral empieza a calentar la Tierra con más ahínco dan lugar a un inminente riesgo de desprendimiento de dicha cornisa y, por tanto, de avalanchas, muy peligrosas para la práctica de deportes de montaña pero que dejan estampas de gran fuerza visual.  



En la falda de los Reajos, todavía en la cara sur de la cordillera carpetana pero al este del puerto de Navafría, se ven escenas mucho más primaverales como esta puesta de sapo corredor (Bufo calamita) en una pequeña charca. Los sapos del género Bufo ponen los huevos en largas hileras denominadas cordones, con varias filas que pueden albergar hasta 5.000 huevos y que se cohesionan gracias a una sustancia gelatinosa...


 ...casi imperceptible para el ojo humano de no ser porque en ella se pegan una gran cantidad de partículas suspendidas en el agua.


Y aquí está uno de los sospechosos de crear (o intentar crear) tan numerosa familia. Un sapo corredor adulto que al acercarme a hacerle la foto, apenas tardó unos segundos en quedar casi completamente enterrado en el fango gracias a los movimientos espasmódicos de sus patas traseras.Sus puestas tienen lugar, a menudo, en masas de agua muy precarias que se secan en un breve espacio de tiempo, lo que, en ocasiones, puede generar importantes mortalidades de los renacuajos. Este hecho se compensa porque esta especie presenta un dilatado periodo reproductor que puede llegar a abarcar buena parte del año, especialmente en zonas con abundantes precipitaciones así como por la abundancia de las puestas que garantiza que al menos un pequeño porcentaje de sapos corredores se incorporará a la población adulta.  

jueves, 11 de abril de 2013

Tras la pista de los esquivos piquituertos


La semana pasada me dijeron un lugar del monte Abantos donde ver piquituertos (Loxia curvirostra) con relativa facilidad. Así que hasta allí me dirigí y obtuve buenos resultados, como se puede deducir del buen puñado de fotografías que me traje y de la que expongo en el blog una pequeña muestra.


Macho de piquituerto posado en un cedro del Atlas (Cedrus atlantica) especie arbórea que procede de dicha cordillera norteafricana y que, por  tanto, no es autóctona en la península Ibérica si bien se encuentra habitualmente plantada en parques, jardines o incluso en el medio natural, como es el caso de Abantos. La principal características de los piquituertos es su pico cruzado formando una pinza, potente y hábil a partes iguales con la que se ha especializado en extraer los piñones de las coníferas.


Los piquituertos tienen un acusado dimorfismo sexual. Los machos son de un llamativo color rojo anaranjado y las hembras, como sucede con la mayoría de los fringílidos, son de tonos más discretos, en este caso, de un apagado verde amarillento.


Los individuos juveniles son más discretos todavía y adoptan tonalidades grisáceas con estrías longitudinales en el cuerpo, lo que les hace pasar más inadvertidos que los adultos, patrón habitual en numerosas especies para evitar la depredación y aumentar la tasa de supervivencia en el momento más sensible de su desarrollo.


Un macho y un juvenil de piquituertos otean desde su posadero en un joven cedro del Atlas. Estas aves habitan en una amplia gama de hábitats desde el nivel del mar hasta los pinares subalpinos de muchas sierras de la península Ibérica, siendo su principal factor limitante la disponibilidad de alimento. Los piquituertos son migradores parciales que se desplazan entre zonas de distinta altitud dependiendo de la estación del año, buscando siempre optimizar los esfuerzos en la búsqueda de alimento. 


Macho de piquituerto posado sobre un cedro del Atlas en el que se aprecia un piña y los ejes erectos que sujetaban las escamas de otras dos. Las piñas de los cedros tienen forma de tonel y poseen la pecularidad de que los piñones junto con las escamas que los albergan se desprenden de la piña poco a poco dejando en el centro su columna vertebral. No obstante, los piquituertos no esperan a la caída natural de las escamas y trabajan estas piñas a gran velocidad constituyendo en Abantos una fuente de alimento adicional a la que aportan las especies autóctonas de pinos.


Aunque no quitaba ojo a los piquituertos, me entretuve viendo otras especies de avifauna que pasaban por allí como torcecuellos (Jynx torquilla), verderones serranos (Serinus citrinella), cucos (Cuculus canorus) o buitres leonados (Gyps fulvus). También aparecieron 3 águilas calzadas (Hieraaetus pennatus) en su forma clara. Una de ellas realizaba picados y planeos estáticos, casi cerniéndose  en el aire en clara actitud de cortejo nupcial. Se calcula que el 60% de la población española de águila calzada pertenece a la forma clara y el 40% a una más oscura, de tonos más uniformes. 



Rodal de uva de Oregón (Mahonia aquifolium) tapizando el sotobosque de Abantos. Esta planta es una especie exótica de carácter invasor que se utiliza extensamente en jardinería y que cuando escapa del entorno humano puede poner en peligro a la flora autóctona, especialmente a los árboles, arbustos y plantas herbáceas con las que compite directamente. En la esquina inferior derecha de la fotografía se pueden apreciar algunas hojas de hiedra (Hedera helix) a las que la uva de Oregón casi no deja espacio para desarrollarse.



jueves, 14 de marzo de 2013

El invierno se resiste a irse de Abantos


Fuente del Cervunal, ubicada en la cara noroeste del macizo de Abantos, muy cerca de su cima. La fuente toma su nombre del cervuno (Nardus stricta), una gramínea muy importante en la formación de pastizales de zonas de montaña de gran importancia ecológica y como pasto para el ganado. Los cervunales crecen de forma característica en suelos muy húmedos donde la nieve se acumula durante buena parte del año y que con frecuencia permanecen encharcados cuando se retira.


Un azafrán silvestre (Crocus carpetanus) pugna por salir a la luz sepultado por una espesa capa de nieve en la cresta cimera de Abantos. Algunas plantas bulbosas como las distintas especies de azafrán o los narcisos, tienen una floración muy temprana adelantándose a las fechas propicias para el crecimiento y reproducción de la mayoría de las plantas lo que les confiere gran ventaja al tener una disponibilidad absoluta de los insectos polinizadores que desafían al frío antes de la primavera. La desventaja de esta estrategia es que el invierno se prolongue demasiado... 



Pinar de pino silvestre (Pinus sylvestris) en la vertiente norte del macizo de Abantos, en la cabecera del arroyo de El Romeral. El pino silvestre es una especie que soporta muy bien las heladas, hecho que le ha otorgado el protagonismo en muchas repoblaciones realizadas en áreas de montaña de la península Ibérica.


Acículas de pino silvestre completamente escarchadas. En estas condiciones tan adversas, los animales que no se encuentran en periodo de hibernación descienden mucho en altitud para alcanzar zonas donde la búsqueda de alimento no sea una tarea imposible. En esta época es frecuente ver en los escoriales a jabalíes (Sus scrofa) y corzos (Capreolus capreolus) en el límite inferior del bosque, cerca de zonas humanizadas donde pueden llegar a producir algún que otro desaguisado en los cultivos y huertas.


Un solitario pino silvestre domina el territorio nevado desde Abantos bajo la amenaza de negras nubes de tormenta. Los pinos silvestres más expuestos en las cimas serranas tienen a menudo porte achaparrado o aspecto mutilado o deforme debido a la acción del viento y de las nevadas. Están, por tanto, lejos de sus condiciones óptimas de crecimiento que dan lugar a pinos esbeltos y espigados. Al fondo de la fotografía se ven las Machotas, que con 300 metros menos de altitud que el monte Abantos, albergan una vegetación muy diferente, alejada del dominio del pino, pues en sus laderas existe un bosque mixto mediterráneo de gran diversidad donde abundan arces de Montpellier, melojos, encinas, fresnos y enebros de la miera entre otras especies.

domingo, 17 de febrero de 2013

Primavera en la otra esquina



Espectacular floración de los fresnos (Fraxinus angustifolia) de la rampa serrana cuyas flores aparecen antes que las hojas.

Este es un detalle de las incipientes flores de los fresnos, de carácter rudimentario, sin perianto (cáliz y corola), tan sólo provistas de 2 o 3 estambres y un carpelo, cuyo estigma oscuro sobresale entre los estambres sustentado por un largo estilo. Estas flores tan poco vistosas, no requieren llamativas estructuras reproductoras pues el viento es el agente que dispersará el polen contenido en los estambres.

Un macho de carbonero común (Parus major) se para un instante antes de proseguir su inquieto tránsito por el melojar de La Herrería. La corbata negra que caracteriza a esta especie es considerablemente más ancha en los machos que en las hembras lo que permite su diferenciación sexual.

Macho de carbonero común posado en un endrino (Prunus spinosa) en La Herrería donde estuvo cantando insistentemente. A pesar de la temprana fecha, los carboneros comunes se encontraban muy activos sexualmente. Son aves muy prolíficas que pueden tener varias puestas en un año.

Una corneja negra (Corvus corone) realiza su display de exhibición sexual en el collado de Entrecabezas (Las Machotas) que consiste en emitir unos graznidos trompeteros acompañados de contoneos sucesivos de las alas y de la cola.

El Risco del Fraile, en la cuerda de la Machota Alta, es una singular formación granítica que de alguna manera recuerda a un encapuchado fraile (en segundo plano). Al fondo se aprecian las cumbres nevadas de la Maliciosa y Cuerda Larga.

Una hembra de pico picapinos (Dendrocopos major) inspecciona minuciosamente una rama de un melojo cerca de la falda de la Machota Alta. Aunque estas aves están estrechamente ligadas a los pinares, no desdeñan otras formaciones boscosas como encinares, melojares, fresnedas, hayedos o robledales, siempre que sean ricos en las larvas xilófagas que constituyen el principal componente de su dieta.

Un avellano (Corylus avellana) muestra su aspecto más fascinante en plena floración, cuando los amentos (inflorescencias) masculinos cubren las ramas del arbolillo aún desprovistas de hojas. El avellano es una de las especies leñosas características de climas más húmedos que hacen de La Herrería un enclave botánico de gran singularidad.


Un macho de herrerillo común (Parus caeruleus) recorre arriba y abajo el tronco de un melojo en busca de los pequeños insectos que le sirven como presas. Las aves insectívoras recurren en los duros inviernos mediterráneos de clima continental a las larvas de insectos xilófagos que pasan la temporada invernal como larvas debajo de la corteza de los árboles por lo que no es infrecuente ver a estas aves levantar su corteza con su pico.


El trepador azul (Sitta europaea) es un ave pequeña y abundante, cualidades que no impiden que sea una especie sorprendente. Tiene una capacidad asombrosa para moverse en vertical e incluso bocabajo en los troncos de los árboles gracias a sus poderosas patas y uñas. Al contrario que los picos y los agateadores no apoya la cola para ayudarse a trepar por lo troncos.

lunes, 11 de febrero de 2013

Fantasma


Una garza real adulta (Ardea cinerea) se desliza silenciosa sobre el agua atrapando los últimos resquicios de luminosidad del crepúsculo justo antes de posarse es su dormidero en el embalse de Molino de la Hoz (Las Rozas). A menudo, las ardéidas forman grandes dormideros en invierno a orillas de ríos, lagunas y embalses en los que suelen ocupar grandes chopos, fresnos o sauces. Estos dormideros pueden ser mixtos, es decir, que en ellos conviven garzas de distintas especies. Y en algunas ocasiones, las garzas comparten "motel" con aves de otros grupos taxonómicos. La garza real fotografiada, por ejemplo, fue a parar a un viejo álamo blanco donde no pasaba desapercibida entre una treintena de cormoranes grandes (Phalacrocorax carbo).

lunes, 28 de enero de 2013

El bosque de la Herrería: mi hábitat natural

Hedwigia stellata sobre un gran bloque de granito asomandose por una ventana de nieve en la ladera norte de la Machota Alta. Los granitos de las Machotas y del bosque de la Herrería albergan una sorprendente diversidad de briófitos que, en pleno invierno, cuando las condiciones ambientales son insoportables para muchos organismos, más si cabe para las plantas, son una llamativa explosión de biodiversidad botánica, un diminuto oasis en el desierto invernal. 


La fuente de la Reina descansa sobre su lecho nevado en una fotografía anacrónica que transmite el mismo sosiego que reinaba en la Herrería aquel día en el que las previsiones meteorológicas vaciaron de gente a la montaña.


El trepador azul (Sittta europaea) es una de las aves más emblemáticas del bosque de la Herrería, por su abundancia y, a veces, exceso de confianza con el hombre. En invierno, los trepadores levantan la corteza de los árboles para buscar insectos xilófagos que pasan el invierno en estado larvario en galerías taladradas en la madera, uno de los escasos recursos tróficos invernales para muchos otros paseriformes forestales como los picos picapinos (Dendrocopos major) los agateadores comunes (Certhia brachydactyla) o los páridos.

lunes, 14 de enero de 2013

Cerro Marmota: Vida más allá del invierno


5 de enero. De madrugada, el campo parece sumido en un profundo sueño invernal. Sin embargo, aun en pleno invierno el latido de la naturaleza suena con fuerza y la vida está ahí, como siempre, luchando por la supervivencia. Para verla, sólo hay que -abrigarse bien y- salir a buscarla.
Y eso es lo que salí a hacer aquella gélida mañana de invierno en la que el Sol acabaría imponiéndose al frío, dando una engañosa sensación de calidez.


Estas setas completamente escarchadas reciben los primeros rayos de luz del amanecer en la vía pecuaria que va desde Colmenar Viejo a Cerro Marmota, atalaya situada en el mismo limite del monte de El Pardo.  

Las cogujadas comunes (Galerida cristata) son aves de la familia de los aláudidos que se caracterizan por su singular cresta. De las dos especies de cogujadas que habitan en la península ibérica, la común es la que muestra una mayor preferencia por los terrenos abiertos y, por el contrario, la cogujada montesina (Galerida theklae) prefiere las zonas con matorral de mayor o menor altura.

 En pocas ocasiones suelo encontrarme mariposas volando en el mes de enero. La colias común (Colias crocea) es una especie de vistosos colores con varios morfotipos que difieren en la coloración, que oscila entre el amarillo anaranjado y el amarillo pálido, tan pálido que hay ejemplares casi blancos. El macho de la fotografía, que pertenece al morfotipo normal, estuvo distrayéndome mientras buscaba la pareja de águilas imperiales (Aquila adalberti) que suelen sobrevolar Cerro Marmota.  

La especie más característica que acompaña a la encina en los encinares madrileños es el enebro de la miera (Juniperus oxycedrus). En determinadas condiciones edáficas, el enebro forma masas monoespecíficas desplazando a la encina. Esto se produce, fundamentalmente, donde existen afloramientos graníticos,  denominados berrocales, en los que el suelo tiene un escaso desarrollo o en suelos esqueléticos o pedregosos debido a la erosión o a que aflora la roca madre en el sustrato. En estos suelos tan pobres en nutrientes, el enebro de la miera se vuelve más competitivo y domina el paisaje dando lugar a los hermosos enebrales, como este en una ladera del río Manzanares. Los frutos de los enebros se convierten en una importante fuente de alimento para las aves en invierno, cuando no hay mucho más que comer. Para algunas, como en el caso de los zorzales charlos (Turdus viscivorus) pueden constituir una parte importante de la dieta. En estos enebrales pude ver bandos de decenas de zorzales charlos que se movían inquietos entre los enebros emitiendo sus peculiares carraspeos (charrrrrrrr) que dan el nombre vulgar a estas aves.  

Aquí vemos el primer plano de un enebro de la miera. en segundo plano los enebrales de la cuenca del Manzanares y al fondo la sierra de Guadarrama concretamente la Cuerda Larga, sorprendentemente con poca nieve pese a estar en pleno enero. A la izquierda se ve la Maliciosa, entre cuyas cumbres y las del Alto de Valdemartín (la celebérrima Bola del Mundo) nace el río Manzanares.

A media mañana, me topé con una umbría donde permanecía la escarcha y en la que el suelo estaba salpicado de estas pequeñas estrellas de tierra (Astraeus hygrometricus), un pequeño hongo que toma su nombre científico (el epíteto específico) de su respuesta a la humedad ambiental (hygrometricus= medidor de la humedad). Las especies del género Astraeus se recubren exteriormente de una capa llamada exoperidio que,  cuando hay suficiente humedad, se abre y se fragmenta en diversos brazos que configuran una figura estrellada. Cuando el clima es seco, el exoperidio vuelve a cerrarse protegiendo la parte carnosa y globosa del hongo, llamada endoperidio y que es donde se encuentran las esporas.

La comunidad de Madrid cuenta con una excepcional población de buitre negro (Aegypius monachus), distribuida principalmente por el suroeste de la provincia, en los encinares y pinares de los ríos Alberche y Cofio y en el valle del Lozoya, aunque en El Pardo hay también un pequeño núcleo poblacional. Este ejemplar es un individuo adulto, lo que queda patente por el desigual y deteriorado borde posterior de sus alas, de marcada uniformidad en los juveniles y por la palidez de la gola, que destaca incluso a pesar de la distancia y que es completamente oscura en los jóvenes buitres negros. 

Mientras veía pasar varios buitres negros y muchos buitres leonados (Gyps fulvus) este petirrojo me tentaba para retratarle en la encina que se encontraba justo enfrente del lugar donde yo comía algo. Probablemente el ave se sintió atraída por el ruido de bolsas y papeles insustituibles en una comida campestre.

Las tarabillas comunes (Saxicola torquata) son aves territoriales cuyos vistosos colores en el caso del macho,  sirven para señalarle a otras aves su presencia. Por este motivo y por ser una de los características especies que cazan desde una percha (cazadero), estas aves suelen verse dominando el paisaje desde un alto, natural o artificial desde donde encuentran sus potenciales presas, sobre todo insectos.